• andrea lopez

Un Selectivo para un Sudamericano que no fue y la insoportable levedad del Corredor Influencer




Un retorno a medio morir saltando


Si el trail en 2020 se caracterizó por la forzada necesidad de reinventarse o ser creativo para hacerse presente (tanto en la dimensión real como virtual), ya que no había eventos formales, en 2021 dominó la añoranza del retorno a la normalidad, a la presencialidad, a un calendario de carreras establecido, a los entrenamientos grupales, a los parques nacionales, a una selección nacional de trail, entre otros. Pero este “regreso” se ha encontrado con varios obstáculos y retrocesos. Pareciera que, a pesar de las declaraciones nostálgicas, el trail no ha logrado retomar la fuerza con que estaba creciendo pre-pandemia.


Los argumentos para explicar la baja en la participación incluyen el temor persistente al contagio; la incomodidad que generan los protocolos COVID en los viajes y eventos; y los efectos de la crisis económica, que afectan la capacidad para participar en las competencias y destinar tiempo al deporte como antes, en especial en los casos en que la pandemia conllevó una reconversión laboral. Por otra parte, las productoras de carreras, también azotadas por la crisis, en algunos casos se retiraron del juego y, en otros, no invirtieron lo suficiente en publicitar sus eventos y dar fuerza a su retorno; cumplieron con los compromisos pactados, en los casos en que había inscripciones ya pagadas, pero no hubo aires de renovación en cuanto a los eventos competitivos. Para empeorar las cosas, varios corredores se han referido a un alza en los precios de las inscripciones y a la ausencia de o baja calidad de los premios.


El Gran Selectivo Gran


En este contexto, estaba todo dado para que el selectivo de Trail se convirtiera en la máxima emoción del año. Anunciado un mes antes de su realización el 24 de julio, ya partió con problemas, porque los rumores acerca de su fecha, locación y requisitos de participación se habían filtrado, creando una sensación de injusticia en quienes no habían tenido acceso oportuno a esa información por no estar en los grupos de Whatsapp de ex seleccionados. Después vinieron los Live en Instagram y programas especulando acerca de los participantes y resultados, las charlas técnicas con menos información de la necesaria acerca de la carrera, y los cambios de última hora en el reglamento acerca de los criterios para la participación, en función de las presiones de distintos grupos. La confusión en este punto, así como las barreras de acceso que creaba la información dada con mínima anticipación, especialmente para los participantes de regiones, ya hacían vergonzoso todo el asunto. Algunos no entendieron nunca que los criterios de participación resultaban injustos para las mujeres del trail, cuando la mayoría de ellas no estaban federadas y se había dado primera prioridad a los atletas federados, con un aforo reducido por COVID-19, y sin cuota de género (aun cuando el supuesto objetivo de este Selectivo era conformar una Selección Nacional de Trail con paridad de género).


Algunos corredores declararon públicamente su decisión de restarse del selectivo tras los ires y venires de su organización. Otros consideraron que el humilde show mediático del selectivo no estaba a su nivel, que lo de ellos eran las carreras extranjeras y con videos promocionales (o, tal vez, solo tenían miedo de dejar en evidencia su nivel deportivo).


Aun con todos estos problemas previos, la carrera como tal fue impecable, con solo unos pocos accidentes que tuvieron que ver más con corredores con exceso de adrenalina o con mala preparación, que con la ruta (cuyo desnivel y dificultad fueron, en todo caso, destacables).


Tal vez, el aspecto más tragicómico de este Selectivo fuera el premio: sí, se suponía que si eras de los 5 primeros en cada categoría, ibas a ser parte de la “Selección de Trail”, pero ese mote pierde todo sentido y dignidad cuando no significa la posibilidad de competir en un Mundial o, al menos, en un Sudamericano. En Chile, ya estaba sentado el precedente de que a los seleccionados se les costeaba el viaje, estadía e inscripción en carreras internacionales. Ahora, nadie parecía molesto por que Don Carter se hubiera “hecho el Larry” con lo de llevar a los corredores al mundial en Tailandia (no olvidemos que, a esas alturas, todavía no se cancelaba). Asimismo, la posibilidad de que el Sudamericano fuera nuevamente en los cerros de Maipú no era disuasivo, como tampoco el que no hubiera más premio tangible que una chapita simbólica que permitiera estar adelante en la línea de salida en una carrera que, por lo demás, sería abierta a todo aquel que quisiera inscribirse. La gloria de ser “seleccionado/a” era suficiente.

Los resultados del selectivo mostraron que, salvo algunas novedades, los de siempre habían seguido entrenando y mostraron un buen rendimiento. Si bien se ha levantado un relato acerca de la “renovación de caras” en el trail running, especialmente en el caso de las mujeres, la verdad es que existen algunos casos, pero todavía no nos permiten consolidar una “escena” fuerte en el trail. Esto es, si esas nuevas 3-4 corredoras se aburren de correr, volvemos donde mismo.


En los 15k, por ser la distancia de entrada, es difícil interpretar estos resultados como reflejo de la escena trail de manera más decisiva, contándose con algunos representantes del Ejército (que organizaba la carrera y debe haber promovido la participación de sus miembros), corredores de oportunidad y unos pocos viejos corredores que no quisieron hacer una distancia más larga, donde se sabía que la competencia iba a ser despiadada. En 35k eran todas caras conocidas, y el nivel competitivo fue el más fuerte, tal vez por algo de temor a hacer una distancia más larga tras un periodo de entrenamiento irregular por la pandemia, o por el hecho de que el circuito repitiera el loop dos veces, haciéndolo menos atractivo. En 60k, la mayoría eran caras conocidas, más algunas que ya llevaban unos meses probándose, y acá el nivel de competencia fue menor en términos de profundidad del campo (por ejemplo, en el caso de las mujeres, el número de competidoras apenas superaba el de espacios en el podio).


El Sudamericano que no fue


La verdad es que el ímpetu y motivación de seguir las noticias en torno al proceso ya se había agotado a final de año: no estaban los Live, no había canales de información oficiales y, personalmente, me había fracturado al caerme en el Selectivo, así que había algo de resentimiento de mi parte. Por otra parte, ya he expresado públicamente mis discrepancias con la administración de Don Carter, antes de que fuera moda y sin adscribir a los lavados de imagen que le hacen algunos medios de comunicación regularmente. Así, ya sabía que lo de Chile organizando un Sudamericano, o no iba a concretarse, o se iba a hacer muy desastrosamente. Por eso es que no voy a entrar en demasiados detalles respecto a lo que ocurrió: Chile canceló a última hora el Sudamericano, cuando representantes de otros países ya se habían organizado para venir y comprado los pasajes, tras los respectivos procesos selectivos en sus países. Una vergüenza para nosotros como país organizador, y una tristeza para los atletas chilenos que habían creído en el proceso.


Podemos resaltar la importancia de la motivación intrínseca, la pureza, el amor por el deporte, por sobre el correr por un premio. Pero eso no libera de responsabilidad (y, esperemos que, al menos, de una gota de vergüenza), a las autoridades de la Federación de Atletismo por el desastre escandaloso que fue el mentado proceso, donde además se ha limitado históricamente la participación externa de voluntarios que trataron de dotar al trail de la dignidad que merece.


Algunos corredores han ocupado la frase “Respeto al trail” en sus posteos, como una forma de manifestar su molestia respecto a acciones como estas. Ojalá estos esfuerzos puedan ir más allá de ser una consigna informal, y se logre convocar a personas que conozcan el deporte, sean capaces de y estén motivados por recopilar información sobre los corredores y las competencias existentes, comunicar las necesidades de las distintas partes, ayudar a gestionar los procesos selectivos (incluyendo la adecuada difusión de los mismos) y fomentar el deporte en grupos donde las barreras de acceso impidan o dificulten realizarlo (me avisan por interno que una futura Asociación de Trail Running estaría próxima a concretarse y que podría canalizar estos esfuerzos).


La representación de las mujeres del trail en los medios


Cuando a fin de año, un diario austral publicó los resultados de una carrera omitiendo totalmente a la división femenina que participó en esta, la mujer ganadora se organizó con otras corredoras para exigir que se reconociera el esfuerzo y presencia de las mujeres corredoras, y así poner fin a la naturalizada invisibilización, que, entre otras cosas, limita las posibilidades de que las niñas y adolescentes se motiven por participar en este y otros deportes.


Con esto sí me voy a arrogar el “Se los dije”, porque vengo desde 2010 tratando de llamar la atención sobre estos temas, a partir de mi experiencia personal de discriminación y de un análisis de los estudios que existen al respecto (es conocida la cifra de que solo un 4% de la cobertura mediática deportiva se centra en las mujeres, a pesar de que constituyen un 40% de la población deportista)[1]. Por eso, me siento muy contenta de que más mujeres vean este problema y quieran hacer algo al respecto.


¿Obsesión por el Trail?


Si el trail se vende como un discurso de autenticidad, que representa el lograr salirse del mandato social estándar que no da cabida al ocio, la contemplación ni la naturaleza, este pierde esa potencia revolucionaria cuando se convierte en una empresa de gestión racional del sí mismo, y especialmente del cuerpo y del rendimiento (si no hay calugas ni podio, entonces no lo estás haciendo bien), al modo del narcisismo descrito por Lipovetsky:


No se trata en absoluto de bonificación moral y de trascendencia virtuosa; los individuos se entrenan para sí mismos, para mantenerse, para superarse, incluido el riesgo y la “mortificación” física (...) En la actualidad, el espíritu de hazaña vincula la competición interpersonal con la competición con uno mismo, la persona se mide con otras para afirmar el ego autoconstructor vencedor de uno mismo.


Ser trail runner ya no es una diversión, sino que, para la mayoría de los que lo practicamos, pasa a ser un trabajo más, donde no basta el esfuerzo de entrenar duro y competir, sino que además hay que publicitar tales esfuerzos (algunos incluso pagan por publicidad en las redes sociales), desarrollar un lema, elegir los hashtags adecuados que acompañen el post (sumado a la frase motivacional, que gana bonus points si va en inglés), y mostrar solvencia económica a través de la exhibición del equipamiento de última moda y los viajes a participar en las carreras.


Estos esfuerzos conllevan altos niveles de involucramiento para los trail runners. Ya he hablado en otro post (https://www.ontherun.cl/post/identidad-atl%C3%A9tica-en-tiempos-de-coronavirus) acerca de los posibles conflictos de rol que esto puede generar con otros ámbitos de la vida y la fuerza que cobra el deporte como estilo de vida en la identidad de los corredores. Pero la reaparición del selectivo como un faro en el horizonte para dar sentido a la vida, reforzó esta actitud en algunos corredores que cifraban sus esperanzas en alcanzar un lugar en el podio. Entrenamiento a nivel profesional, con un estricto plan, apps, gadgets, nutricionistas, kinesiólogos, etc., todo valía con tal de poder ser uno de los elegidos (elegidos para qué, eso nunca estuvo claro).


Mark Fisher, en “Bueno para nada”, escribe:


Desde hace algún tiempo, una de las tácticas más exitosas de la clase dominante ha sido la responsabilización. Hacer creer a cada miembro individual de la clase subordinada que su pobreza, falta de oportunidades o desempleo es culpa suya y solo suya. Los individuos se culparán a sí mismos más que a las estructuras sociales, que en cualquier caso se les ha inducido a creer que en realidad no existen (son solo excusas, invocadas por los débiles). Lo que Smail llama ‘voluntarismo mágico’, la creencia de que depende de cada cual llegar a ser lo que uno quiera, es la ideología dominante y la religión no oficial de la sociedad capitalista contemporánea, promovida por los ‘expertos’ de los reality shows y gurús de los negocios, tanto como por los políticos. El voluntarismo mágico es tanto un efecto como una causa del nivel actual históricamente bajo de conciencia de clase. Es la otra cara de la depresión, cuya convicción subyacente es que todos somos los únicos responsables de nuestra propia miseria y que, en consecuencia, la merecemos.


Qué tiene que ver esto con el trail: ya hemos visto qué se difunde en los medios deportivos: a quiénes se ven más cool corriendo, a quienes tienen los auspicios, y no necesariamente a los que lo merecen por sus logros deportivos. La meritocracia en el deporte, si bien puede ser mayor que en el ámbito laboral (es innegable la correlación entre entrenamiento y rendimiento), no es perfecta. Y es por ello que quienes no tienen los privilegios para poder acceder a la información, el equipamiento, los pasajes, la estadía, etc., van a tener muchas más dificultades para “lograrlo” en el trail.


Hemos visto que esto no impide que los Selectivos sean espacios más democráticos y diversos en términos de la configuración socioeconómica de sus participantes, a diferencia de lo que ocurre en carreras como el “Endurance Challenge”. Por ello, que se juegue con las ilusiones de quienes tienen que hacer grandes esfuerzos económicos solo para poder participar de eventos como el Selectivo, es de una bajeza mayor. También es problemático si pensamos en los potenciales efectos a nivel de salud mental de los deportistas: cuando ese voluntarismo mágico no permite ver todo lo que se tiene en contra para triunfar, la depresión es una consecuencia probable al culparse por no lograr el primer lugar, o no verse como las imágenes de los corredores y corredoras en Instagram. Cuestionar las frases motivacionales no es algo que se vea bien, pero tal vez es momento de que nos lancemos un “Por qué no te callas” en los comentarios.


Durante la cuarentena, por momentos logró prevalecer un cuestionamiento del mandato de aprovechar el acrecentado tiempo libre desarrollando nuevas habilidades. Un llamado a la prudencia señalaba que estaba bien no estar en un permanente hacer, dadas la confusión, constreñimientos, contagios y duelos. Pero ese espíritu duró poco: vueltos al mundo real exterior, había que retomar el trabajar y entrenar, tal vez, incluso más que antes, como si no hubiéramos registrado las lecciones de auto-compasión. Y así, el discurso meritocrático y optimista volvió con más fuerza en el deporte: “Si tú quieres, puedes” (y sus distintas versiones) se han reconfigurado como la propuesta identitaria y motivacional del “corredor influencer”, a pesar de que el discurso hiciera aguas en privado y de que nuestro proceso de profesionalización del trail (Selectivo, Sudamericano) frustrara a quienes se habían ganado un puesto en el Olimpo, elevando la pregunta de si acaso había valido la pena el esfuerzo.


El sobreuso de las redes sociales como forma de demostrar el esfuerzo realizado y los logros asociados, profundiza los efectos negativos del voluntarismo mágico en el bienestar psicológico de los corredores: por una parte, se deja de estar presente en la experiencia y no se distingue entre lo que es una oportunidad fotográfica y una experiencia auténtica; y, por otra parte, incita a la comparación permanente, que lleva a sentirse insuficiente, con una vida menos emocionante y exitosa que las que aparecen en el feed.


Otros aires


En la semi-muerte del trail, parecen haber cobrado fuerza deportes alternativos como el Gravel o las Carreras de Aventura, actividades que atraen a personalidades donde prevalece la búsqueda de sensaciones y el gusto por la novedad, y que, por otro lado, resultan más amables con los físicos apaleados de los que llevamos en torno a los 10 años corriendo. Incluso, ante la participación de algunos traileros en “Across Andes”, LSE, productora de eventos de trail, vio ahí un nicho y sacó su propia carrera de Gravel.


Los desafíos propios en el trail también han cobrado fuerza, con representantes como la joven Dominga Villarino buscando hacer los records de subida, bajada y subida+bajada en todas las cumbres clásicas de Santiago. Vueltas como “Andes Azul” de Matt Maynard buscan motivar a los corredores a realizar desafíos complejos, cultivar la autosuficiencia y salir de los cerros de siempre.


Por otra parte, hay grupos de amigos que buscan estetizar la escena del trail, a la vez que demostrar buenos rendimientos. El único problema de nuestras “crews” es que, a diferencia de su contraparte gringa, no realizan esfuerzos por ampliar el trail a grupos que tengan barreras de acceso y participación en este deporte.


Cuál será el futuro de estas incursiones alternativas de los traileros, todavía es difícil de pronosticar, y esperemos que pueda ser material del recuento 2022.

[1]https://en.unesco.org/themes/gender-equality-sports-media https://www.youtube.com/watch?v=lVqHsMP-GTM



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