• andrea lopez

All in



Siempre he sido una fan de Jim Walmsley. Pienso que esa hubris, mezcla de arrojo y soberbia en su justa medida, es el material del que están hechas las grandes hazañas deportivas. Sí, puede haber hazañas que son ejemplos de planificación y ejecución perfectas, como John Kelly en Barkley Marathons, pero que me aburren. Y es precisamente así como me quiero aproximar al deporte, sobre todo en situaciones donde no tengo nada que perder, como fue el pasado Endurance el fin de semana.


Cuando no es tu carrera objetivo y cuando no te has preparado, puedes usar una carrera para experimentar. Porque solo experimentando se puede aprender. Fui a fracasar con todo, porque como dicen Stulberg y Magness (2019) en "The Passion Paradox",


"El fracaso desencadena una seguidilla de cambios que te ayudan a evolucionar para que puedas enfrentar un desafío mayor la próxima vez. En otras palabras, tu cuerpo no puede realmente crecer a no ser que falle. Este principio se sostiene como verdadero mucho más allá del aspecto muscular"


Me parecía que de donde podía aprender más en esta ocasión era de la cabeza de la carrera, y no entendía que nadie quisiera aprender además de mí. Vi la determinación en los ojos de Laura cuando la alcancé en el km 67 y se sintió amenazada, vi su actitud en el abastecimiento, vi como Rosalia luchaba contra sus mejorables habilidades y temor en las bajadas para alcanzarme en cada tramo hasta los 80 kms. Tuve que luchar contra mi pajerismo cognitivo para mantenerme enfocada en la carrera por 13 hrs. Lo que iba a suceder después no importaba, esos aprendizajes servirían para cuando pudiera entrenar y aplicarlos con un cuerpo que resistiera por más tiempo.





Por supuesto, no esperaba que la carrera me lanzara tanto para aprender. Decidió dejarme con una nube en un ojo por 10 horas, algo de lo que por supuesto había escuchado y leído siendo fan de Courtney, pero que nunca había experimentado. Descubrí cómo la dificultad para enfocar visualmente intensifica las pareidolias ("fenómeno psicológico donde un estímulo vago y aleatorio es percibido erróneamente como una forma reconocible"), con la mente tratando de hacer sentido de lo que no aparece claro a la percepción. Y descubrí también que al hacerme consciente de que el problema respondía al nivel ocular, esas pareidolias disminuyeron automáticamente.


Como psicóloga, los fenómenos alucinatorios me resultan fascinantes, y dado que éticamente la experimentación con otros sujetos con privación de sueño o psicodélicos no resulta muy factible, solo queda experimentar con uno mismo. A pesar de saber de la frecuencia de estos problemas visuales en carreras y en condiciones como la de viento y altura por las que pasamos, siempre estuvo el atisbo de duda de si podía responder a un problema neurológico mayor o algún problema relacionado con mi cirugía Lasik, surgiendo el cuestionamiento acerca de la estupidez que constituye correr 100 millas o cualquier ultradistancia en términos de salud. También aprendí que no es fácil evitar las rocas en una bajada cuando tienes que adaptarte en ese momento para realizarla con un solo ojo.


Por qué seguí en esas condiciones no lo tengo tan claro, probablemente por algo tan poco heroico como que Nelson me instó a retirarme burlándose de mí. Quisiera decir que hubo aprendizaje en perseverar a pesar de no tener piernas para correr por 70 kms, pero la verdad es que considero que daba lo mismo terminar o no, escribir la carrera en una u otra de mis listas. Todo ya estaba siendo mediocre y, como dijo Matt, muy lejano de una "experiencia atlética". Está bien encontrar valor en ello, pero yo quiero más. Quiero resultados, quiero recuperar un cuerpo que resiste por más tiempo, porque vi que el potencial está ahí. Y esta carrera me sirvió para darme cuenta que lo quiero mucho más que publicar en revistas académicas o enseñar a jóvenes universitarios. Y ese es, tal vez, el mayor aprendizaje de esas 35 horas.

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